EL Ventorrillo del tio Benito
Hay un sitio escondido en mitad de la huerta murciana que se llama el Ventorrillo del Tío Benito.
Si no tienes problemas de acidez, es un lugar donde puedes comprar embutido y pan casero. El embutido está espectacular. El pan también, aunque conviene avisar de algo: está algo duro. Y cuando digo algo duro quiero decir que necesitas, como mínimo, una hoja de Acero Valyrio para cortarlo.
Tiene su lado bueno, eso sí. Ese pan no caduca en un año. Probablemente sobreviva a una guerra nuclear. Cuando ya no quede nada sobre la faz de la tierra, quedarán las cucarachas y una hogaza del Tío Benito.
La pena es la dueña.
Una señora mayor con muy mala leche. Y no hablo de la mala leche simpática de pueblo, esa de "qué quieres ahora" que en el fondo te tiene cariño. No. Hablo de mala leche de verdad, de la que deja huella, de la que te hace replantearte si el embutido merecía la pena.
(No merecía la pena)
No volveré nunca más. Pero me llevo dos cosas: el recuerdo del sabor de ese embutido, que todavía me persigue, y esta foto de tres parroquianos, que son mis amigos, sentados al sol como si el tiempo allí no tuviera ninguna prisa.
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